Entendiendo el cerebro el sistema de recompensa

El sistema de recompensa es uno de los sistemas más importantes del cerebro. Conduce nuestro comportamiento hacia estímulos placenteros como la comida, el sexo, el alcohol, etc. Y nos aleja de los dolorosos (conflictos, deberes, etc.) que requieren más energía o esfuerzo. Es donde sentimos emociones y procesamos esas emociones para iniciar o detener la acción. En esta ocasión, tratamos de entender un poco mejor donde se encuentra y de qué manera trabaja esta función tan especial de nuestro cerebro que, en definitiva, nos hace ser quienes somos.

Sistema de recompensas y su ubicación

Cuando se habla de sistema de recompensa, esto refiere a un grupo de estructuras que se activan mediante estímulos de recompensa o refuerzo: cuando se ve expuesto a un estímulo gratificante, el cerebro responde aumentando la liberación del neurotransmisor dopamina. A su vez, todas las estructuras asociadas con el sistema de recompensa se encuentran distribuidas a lo largo de las principales vías de dopamina del cerebro. En este sentido, se cree que la vía mesolímbica de la dopamina juega un papel principal en el sistema de recompensa, ya que conecta el área tegmental ventral, una de las principales áreas productoras de dopamina en el cerebro, con el núcleo accumbens, un área que se encuentra en el estriado ventral que está fuertemente asociado con la motivación y la recompensa.

Otra vía importante de la dopamina, la vía mesocortical, también está considerada como parte del sistema de recompensas, por lo que este circuito en definitiva se encuentra formado por las principales vías de dopamina del cerebro (especialmente la vía mesolímbica) y estructuras como el área tegmental ventral y el núcleo accumbens, que están conectadas por estas vías.

Sistema de recompensas y su función

En la década de 1950, James Olds y Peter Milner implantaron electrodos en los cerebros de roedores pequeños y permitieron que los animales presionasen una palanca para recibir una leve ráfaga de estimulación eléctrica en sus cerebros. Olds y Milner descubrieron que hay ciertas áreas del cerebro en las que las ratas presionan repetidamente la palanca para recibir estimulación y encontraron que una región conocida como área septal, que se encuentra justo debajo del extremo frontal del cuerpo calloso, es la más sensible.

Estos experimentos fueron significativos porque lograron verificar la existencia de estructuras cerebrales dedicadas especialmente a mediar experiencias gratificantes: en definitiva, si las ratas estaban presionando la palanca repetidamente para recibir estimulación en estas áreas, esta conducta sugería que estaban disfrutando de la experiencia. Estudios posteriores intentaron trazar un mapa más completo de estas “áreas de recompensa”, y se descubrió que algunas de las zonas más sensibles están situadas a lo largo del haz del prosencéfalo medial. El haz del prosencéfalo medial es una gran colección de fibras nerviosas que viaja entre el área tegmental ventral y el hipotálamo lateral, logrando muchas otras conexiones en el camino. Por otro lado, también se descubrió que algunas áreas del haz del prosencéfalo medial eran tan sensibles que las ratas elegirían recibir estimulación en lugar de comida u otro tipo de elemento gratificante.

Finalmente, se reconoció que las neuronas de dopamina se activan durante este tipo de estimulación cerebral gratificante, y los investigadores descubrieron que podrían hacer que las ratas dejen de presionar la palanca administrando un antagonista de la dopamina (un fármaco que bloquea los efectos de la misma). En otras palabras, sin la actividad de la dopamina, las ratas tenían menos probabilidades de encontrar un refuerzo de la estimulación cerebral, por lo que dejaron de presionar la palanca por completo.

Con base en los experimentos de estimulación cerebral y la importancia cada vez más reconocida de la dopamina en el proceso de recompensa, la atención comenzó a dirigirse hacia las principales vías de la dopamina, que desempeñan un papel importante en la mediación de las experiencias gratificantes. El haz del prosencéfalo medial conecta el área tegmental ventral rico en dopamina con el núcleo accumbens y se considera parte de la vía de la dopamina mesolímbica. Finalmente, se reconoció que, cuando usamos una droga adictiva o experimentamos algo gratificante, las neuronas de dopamina en el área tegmental ventral se activan. Estas neuronas se proyectan al núcleo accumbens a través de la vía de la dopamina mesolímbica y su activación hace que aumenten los niveles de dopamina en el núcleo accumbens. Además, la interrupción de esta vía en roedores que se habían vuelto adictos a presionar una palanca para estimular el cerebro o una recompensa por drogas hizo que dejaran de presionar la palanca, lo que sugiere que estas áreas son de importancia crucial para la aparición de un comportamiento adictivo.

Como la vía de la dopamina mesolímbica se activa cada vez que usamos una droga adictiva, se ha llegado a considerar la vía principal del sistema de recompensa. Sin embargo, las proyecciones dopaminérgicas del área tegmental ventral también viajan a la corteza frontal; comprenden la vía de la dopamina mesocortical. También se cree que estas fibras están involucradas en la recompensa y la motivación, aunque su contribución a las experiencias gratificantes es menos clara que la de la vía mesolímbica.

En conclusión, si bien el sistema de recompensa está implicado en comportamientos placenteros y potencialmente adictivos, los fundamentos de la generación de placer no se limitan a las estructuras mencionadas anteriormente y la dopamina no es el único neurotransmisor involucrado. El sistema de recompensa se refiere a un grupo de estructuras que parecen estar frecuentemente involucradas en la mediación de experiencias gratificantes, pero la red real dedicada a crear los sentimientos que asociamos con estas experiencias es probablemente mucho más compleja de lo que creemos y hemos podido observar hasta el momento.

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